Crónica sobre deserción escolar en la voz de joven atendida por PEC Recoleta de ACHNU

La Revista Ya, de El Mercurio, publicó en su edición del martes 12 de abril una crónica narrando la vida de “Daniela”, una adolescente en situación de alta socialización callejera y que se encuentra sin colegio. “Daniela” está trabajando hace un año con los profesionales del Proyecto Especializado de Calle: PEC Recoleta, implementado por ACHNU como institución colaboradora del SENAME.  El reportaje relata, a través de la narración de la cotidianidad de la joven, el impacto de la desescolarización en sus relaciones sociales, sus intereses y sus actividades, así como la pertinencia de una intervención especializada en estos casos que apoye, entre otros aspectos, su reinserción en el sistema educativo.

Conozca PEC Recoleta

Web original del reportaje

Daniela no va al colegio

En Chile, más de 100 mil niños entre los 6 y 17 años no van al colegio, a pesar de la reforma constitucional de 2003 que decretó su obligatoriedad, y hace poco la Municipalidad de Huechuraba decidió castigar hasta con cárcel a los padres de niños que se ausenten sin justificación. ¿Qué hace un niño que no va a clases? Daniela tiene 14 años y no está asistiendo al colegio. Tenía problemas de conducta y los establecimientos le cerraron las puertas. Estos son sus días sin uniforme y sin tareas por cumplir. 

Por María Paz Cuevas

Daniela -nombre ficticio para proteger su identidad- mira la foto de su perfil de Facebook en la pantalla del computador. Son las doce del día. Es martes y a Daniela, que tiene cara de niña, cuerpo de mujer, usa shorts apretados, lleva una cartera fucsia y las pestañas encrespadas y llenas de rímel, le gusta cómo se ve en su bikini, sentada en la arena de Viña del Mar. “¿Te gusta mi foto?”, pregunta y revisa el álbum completo en la casa del Proyecto Especializado de Calle (PEC) que trabaja con niños en riesgo y que es parte de la Asociación Chilena de Naciones Unidas (Achnu) en Recoleta.

Viene aquí desde hace casi un año. Llegó porque una asistente social que la atendía a través de un programa de intervención especializado del Sename la derivó para tratar algo que los expertos en infancia llaman alta socialización callejera. Daniela pasaba más en la calle que en clases o en su casa de Conchalí donde vive con su madre, el pololo de su mamá y tres hermanos de cinco, 18 y 19 años. Hacía la cimarra a veces hasta por dos meses. Les contestaba a sus profesoras. No obedecía reglas. Era desordenada y hacía lo que quería. Daniela tiene 14 años y ya ha pasado por siete escuelas. De todas la han expulsado por problemas de conducta. No tenía malos promedios: el séptimo básico lo terminó con un 5,5. Pero lleva dos años intentando sacar octavo básico aunque debiera estar en segundo medio. En 2009 pasó por tres colegios, pero de los tres la echaron -dice ella- sin mayor apoyo de especialistas y terminó repitiendo el curso. En 2010 volvió a octavo a una escuela donde rápidamente la mandaron a estudiar desde su casa, pero también repitió.

Este año, su madre la matriculó en un colegio de Conchalí. Ella y su pololo la llevaron a La Polar con el fin de que comprara un nuevo uniforme, “para que viera que la apoyábamos en sus estudios”. Le dijeron: “Cómprate lo que quieras”. Daniela llevó zapatos de marca, un jumper azul marino nuevo, calcetines y cinco poleras, una para cada día, y prometió que esta vez sí pasaría de curso. El 3 de marzo entró al colegio. Pero duró sólo 13 días yendo a clases. “Traté de portarme bien. Pero la inspectora me apretaba el brazo y yo le dije que si quería conversar conmigo que no me tocara. Ella me dijo que me lo hacía mil veces si quería, “ay, verdad que ella es delicada”. Mandaron a llamar a mi apoderado. Mi mami no duró ni tres minutos en la reunión porque ya me habían expulsado. Ni siquiera me mandaron al psicólogo”, cuenta ella.

Desde entonces, hace más de un mes, Daniela no está yendo al colegio. Hace unos días, Fabiola Espíndola, su tutora en el Proyecto Especializado de Calle de la Achnu, habló con la directora de un colegio en Recoleta para preguntar si tenían una vacante para ella. Le dijeron que sí. Ahora Fabiola está esperando que en un par de días más le lleguen algunos fondos de la asociación para comprarle el nuevo uniforme antes de matricularla: en este colegio las niñas van con falda, no con jumper.

Ella come arroz con pescado en el comedor de la casa de Recoleta. Aquí almuerza todos los días desde que no está en el colegio. “Como a los 11 años me dio la depre y me empecé a portar mal, no iba a clases, me entregué no más. Cuando era chica, yo era la regalona en mi casa. Hacía lo que quería. Después hubo problemas y empecé a salir a la calle. Mi mami se encerraba a conversar con mis dos hermanas mayores (19 y 18 años) y yo era como la oveja negra de la familia. Ahora mi mami trata de controlarme, pero ya es tarde. Igual me da lata que me echaran de mis ex colegios porque ella gastó como 75 lucas en comprarme todo nuevo y yo la decepcioné. Esa es mi culpa: no me gusta que me manden. Pero ahora sí quiero estudiar. De verdad”. Entonces bota su bandeja de plumavit en el basurero de la cocina y sale a la calle. “¿Vamos para el consultorio? Voy a pedirle pastillas a la matrona”.

-¿Tienes pololo?

-No. Pero igual hay que cuidarse.

-¿Y tienes pase escolar?

-No. Lo perdí como en segundo básico. Yo me subo y digo: “¡Permiso!”

La micro que pasa por avenida Zapadores a la una y media de la tarde va tan llena, que Daniela se cuela sin antes pedirle permiso al chofer.

La recepcionista del consultorio Lucas Sierra de Conchalí mira a Daniela por encima de sus lentes a través de la mampara y le muestra el reloj que marca las 14 horas con veinte minutos. “Para que la matrona te dé pastillas, tienes que venir a las dos en punto. Ahora tienes que cuidarte con condón y venir cuando tengas tu siguiente regla”, le repite por cuarta vez. “Ah, o sea que yo tengo que tomar pastillas cuando ustedes quieran”, le contesta Daniela enojada.

La recepcionista se encoge de hombros. Daniela baja las escaleras, conversa con otra mujer de delantal, le pide algo al oído. “Ya, yo te hago pasar, ven rápido”. Daniela entra al box de una matrona mientras su amiga Sandra la espera sentada afuera.

Sandra y Daniela son amigas del barrio. Sandra también tiene 14 años y tampoco va al colegio. No le gusta, dice. Hoy quiere que Daniela la acompañe a comprarse unas extensiones de pelo en el centro y dar unas vueltas por ahí. Pasan los minutos. Son las tres y media cuando Daniela sale del box de la matrona con pastillas para cuatro meses. El sol pega duro en el paradero de micros. No hay árboles. No hay mucha gente en las calles. Solo una botillería abierta frente al paradero. “Igual me aburro caleta durante el día. En el colegio una la pasa bien porque te haces amigos. Mis últimos compañeros eran como guaguas eso sí, tomaban pura leche. Pero igual la pasaba bien. Ahora no hago nada. Me levanto como a las 12 del día. Antes de ir al PEC, me veía todas las teleseries de la tarde y salía a la plaza a fumar. No me gusta estar en mi casa. Llego tarde de vuelta. Me doy vueltas por ahí y me junto con amigas más grandes. A veces voy al Parque de Los Reyes o salgo a carretear. Junto mi plata. En el verano trabajé repartiendo volantes del gas y de ahí tengo algo”, dice Daniela mientras espera la micro.
 
 
Ha pasado una hora. Daniela y Sandra se bajan en un paradero de Independencia lleno de escolares. Daniela abraza a una chica de falda a cuadrillé, una ex compañera del penúltimo liceo donde estuvo. “¿Cómo has estado? ¿Estás yendo al colegio?”, le pregunta la chica. Daniela niega con la cabeza y sigue su camino. Al rato, Sandra y Daniela pasan por afuera del establecimiento en Independencia. Daniela saluda de lejos a algunos estudiantes con la mano. “Me gustaba este colegio. Era grande. Los profesores eran a la moda. Lo malo es que nos separaban de la media, me sentía como en una jaula y eso me daba ene vergüenza”, dice mirando hacia al interior. En 2009 estuvo aquí y la mandaron a estudiar desde la casa después de que le pegó un chicle en el pelo a su profesora jefe. “Se lo pegué porque era muy jugosa”, se ríe ella. Y agrega: “Siempre me dijeron que si no iba al colegio, iba a ser difícil que llegara a alguna parte. Ahora recién me estoy dando cuenta de que eso es verdad. Yo no quiero ir a la universidad. No me veo ahí. Pero sí quiero terminar cuarto y ser cosmetóloga para pintar a las modelos”.

Sandra compra una bebida en un quiosco y le convida a su amiga. Hace calor. Ambas caminan por fuera de las tiendas de géneros de Independencia a las cuatro y media de la tarde. Hablan sobre chicos, pelean por quién está más o menos panzona, se preguntan cuántas extensiones debiera comprar Sandra para que se vea como melena natural. Cuando llegan a la Estación Mapocho, caminan hasta un parque en medio de la calle y se sientan arriba de un gigantesco árbol a descansar un rato. A lo lejos, Daniela divisa a una escolar con falda escocesa y polera blanca. “A ese colegio quiero ir yo porque el uniforme es terrible de peloláis. Entre ser flaite y peloláis, prefiero peloláis”, dice. Sandra se ríe. “Ella po’h. La peloláis”, le espeta.

Daniela enciende un cigarrillo. Cuando lo apaga, cruzan la calle y caminan hacia Rosas. Sandra compra en una tienda de artículos de peluquería 24 mil pesos en extensiones rubias. Le sobra un poco de dinero. “Vamos a tomarnos un helado al mall del centro”, invita a Daniela. Las dos se comen su barquillo sentadas en la vereda de la calle mientras decenas de transeúntes pasan muy pegados a ella.

-¿Sabes qué? La Fabiola llamó al colegio donde me podían recibir y le dijeron que ya se llenó la vacante. Mañana llega la plata para mi uniforme, pero ahora no tengo colegio. Tengo pena -dice Daniela sentada en el patio de la casa de Achnu de Recoleta.

Fabiola dice que va a llamar de nuevo para ver si hacen una excepción. Daniela se encoge de hombros. “Voy a ir comprarme una base de maquillaje. Voy y vuelvo” y sale de la casa. Cruza corriendo avenida Zapadores.

Hoy anda con otro short ajustadísimo, aros fucsias, polera rosada bien apegadita al cuerpo. Cuenta que ayer tomó un colectivo y se bajó frente a unos blocks. Subió a un departamento y tocó una puerta. Dice que un viejito vendió un pito de marihuana a cambio de mil pesos. Lo fumó en un parque al frente de los blocks.

“Yo sé que me puse rebelde y todas esas cosas. Pero te juro que trato de portarme bien. Trato de cambiar de ambiente, pero no puedo. Me llaman caleta de amigas que andan en la calle, que van a la disco y ya me acostumbré. A veces, una amiga que está metida en la pasta base me llama llorando y me da pena, no puedo dejarla sola. Me gustaría ser de otra manera, cambiar de ambiente, pero no sé cómo, ¿cachái?”.

Fuma un cigarrillo. Camina por un pasaje lleno de perros vagos hasta una casa que está abierta como bazar. Una abuelita sale a atenderla. “¿Me muestra bases en polvo?”, le pide Daniela y le compra una. Apenas llega a la casa del PEC, se maquilla frente a un espejo. Se pone base, se encrespa las pestañas, se pinta los labios de rosado. “Yo sé que no me visto como niñita. Pero ahora nadie se viste como niñita, poh. Todas andan como las de 16. Es la onda. En el colegio, yo me veía más grande que mis compañeras. Era la única que tenía el pelo teñido. ¿Pero sabís? No me arrepiento de no haber tenido infancia. Porque yo no me acuerdo de ninguna infancia. Salí de muy cabra chica a la calle”.

Bien maquillada, Daniela almuerza bistec con papas fritas y repollo en el PEC y regresa a Conchalí. A las cuatro de la tarde, afuera de la escuela, escolares que van saliendo de clases repletan la vereda. “¡Hola pos, chica!”, la saludan unos niños. Una chiquilla morena con los labios pintados de rojo y con el buzo del colegio se sienta a su lado. “Ayer te fui a buscar a tu casa, pero no te encontré”, le dice. “Andaba por ahí”, le responde Daniela.

A tres cuadras está su hogar. Es una casa de madera ordenada, con plantas, flores, una mecedora en el patio. Daniela entra sin saludar y se encierra en el baño a plancharse el pelo. Su madre está de buzo, sin pintura, con el pelo tomado haciendo aseo. Cuando habla de su hija menor, llora. “Siempre fue inquieta, pero yo la defendía porque es mi hija. Pero creció y se me fue de las manos. Cuando ella tenía tres años, me separé de su papá y empecé a trabajar en un café con piernas para alimentarla a ella y sus hermanas. Quizás la dejé mucho sola y después ella me manejaba, hacía pataletas para salir y para descansar, al final yo le decía, ya, anda, anda. Yo no estoy decepcionada de ella, sino de mí como mamá. Quizás hice las cosas mal. Pero ya no sé qué hacer con ella. Le he llorado, la he retado, la he apoyado para que se inscriba en las escuelas que quiere, hasta me fui unos días de la casa, pero nada. Yo tiré la esponja”, dice.

Daniela sale con el pelo liso, jeans y zapatos puntiagudos del baño. Vuelve a la calle. Vuelve a la plaza y vuelve a fumar. Pone unas canciones de reggaetón en su celular a todo volumen mientras aspira y tose. Canta. Se sabe todas las canciones de memoria. Algunas se las dedicó a un ex pololo que hace tiempo no ve. “¿Viste que es fome andar así, sin nada que hacer? Sobre todo en estos días medio nublados. Estos días me dan pena, no sé por qué”, dice y sigue tarareando para callado su reggaetón de celular.

Son las seis de la tarde y Daniela dice ¡permiso! y se sube arriba de una micro hasta Recoleta con Zapadores donde está repleto de gente que vuelve a sus casas desde sus trabajos. Hace poquito la llamó Sandra para invitarla a carretear en la noche. Pero Daniela no se entusiasmó. “Me da lata salir hoy día. Me dan pena estos días”, dice taconeando sus zapatos puntiagudos en el suelo, sentada a la salida del metro, esperando nada.

-¿Y ahora entonces para dónde vas?

- Para donde me lleven los pies.

Comparta este Artículo en sus Redes Sociales

Deja un comentario

*

ACHNU Bío-Bío cumplió 15 años de trabajo en la Octava Región

ACHNU Bío-Bío cumplió 15 años de trabajo en la Octava Región

Dentro del marco de celebración se organizaron diversas actividades que incluyen la visita a los jardines infantiles y dos seminarios en conjunto con universidades de la región.              En sus 15 años de trabajo, La Dirección Regional del Bío-Bío de la Asociación Chilena pro Naciones Unidas, ...

Leer más

ACHNU saluda a la Comisión sobre los Derechos del Niño

ACHNU saluda a la Comisión sobre los Derechos del Niño

La Corporación Chilena pro Naciones Unidas, en sintonía con su misión, visión y valores, apoya completamente lo exigido por La Comisión sobre los Derechos del Niño al Estado del Vaticano, en su labor de detener el ocultamiento y encubrimiento de sacerdotes pederastas. A pesar de que el Estado Vaticano ratificó la ...

Leer más

Con alta participación concluyó el Congreso de Niñez y Políticas Públicas

Con alta participación concluyó el Congreso de Niñez y Políticas Públicas

La primera versión del encuentro latinoamericano contó con más de 450 participantes quienes coincidieron en la importancia de abrir el debate de la infancia más allá de la academia. La jornada de clausura se destacó por la declaración pública elaborada por niños y niñas participantes de la ROIJ de diferentes ...

Leer más

ACHNU Insta a las autoridades a resguardar y proteger la niñez del Pueblo Mapuche

ACHNU Insta a las autoridades a resguardar y proteger la niñez del Pueblo Mapuche

A partir de lo publicado en el informativo Mapuexpress y replicado por el diario de la Universidad de Chile, ACHNU expresa su profundo rechazo a los últimos actos de vulneración de los derechos primordiales de niños, niñas y adolescentes pertenecientes a la etnia Mapuche acontecidos el miércoles 8 de enero ...

Leer más

1er Congreso Latinoamericano de Niñez y Políticas Públicas

1er Congreso Latinoamericano de Niñez y Políticas Públicas

El objetivo del encuentro es convertirse en un espacio de debate entre los principales actores involucrados en la implementación de las políticas públicas relacionadas con la Ñiñez en toda la región. Para ello, contará con la participación de expositores chilenos como de otras nacionalidades. El encuentro se realizará en Santiago ...

Leer más

TWITTER
CALENDARIO
abril 2011
L M X J V S D
« mar   may »
 123
45678910
11121314151617
18192021222324
252627282930  
Instituciones aliadas
Observatorio ninez y adolescencia
Niñez y Políticas Públicas
UNICEF
Proyecto Ley de Protección de Infancia
SENAME
Novasur CNTV