“La evaluación será un instrumento democrático si la mesa de la democracia está servida”

By | Diciembre 21, 2015
  • El 2015 ha sido el Año Internacional de la Evaluación, por acuerdo de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Y esta relevancia a nivel mundial está dada principalmente por el impacto que ésta tiene en el monitoreo y mejoras en las políticas públicas. Es en este contexto que la Red Chilena de Evaluación- en la cual participa ACHNU entre otros – ha promovido este año una reflexión en torno al tema.

    Foto coloquio Evaluacion y Democracia

La Asamblea General de las Naciones Unidas designó el año 2015 como el Año Internacional de la Evaluación, con el objeto de defender y promover la evaluación y la toma de decisiones basadas en evidencia, convocándose a un movimiento mundial en torno a este objetivo.

La relevancia otorgada a esta materia se debe a que la evaluación y el monitoreo permiten hacer un balance, con criterios estandarizados, de una política pública o programa, contribuyen a generar una cultura de evaluación cuando un país propicia las condiciones para acceder a la información, y permiten hacer los cambios necesarios para potenciar sus acciones y recursos.

Es en este contexto que la Red Chilena de Evaluación ha desarrollado este año un ciclo de actividades de difusión, siendo el último de ellos un coloquio acerca del vínculo entre  “Evaluación de Políticas Públicas y Democracia”; el cual contó con el auspicio del Departamento de Gestión de Políticas Públicas de la Facultad de Administración y Economía de la USACH y de la Red de Seguimiento, Evaluación y Sistematización de Latinoamérica y el Caribe (RELAC).

En éste se presentó las experiencias de Chile y España con relación a sus institucionalidades, qué se evalúa, cómo, para qué sirve, y cómo contribuye a la transparencia, rendición de cuentas y participación. Todo esto, considerando el contexto de gobernanza en el que se desarrollan las políticas, donde concurren diversos actores del mundo estatal, agentes de mercado, sociedad civil organizada y ciudadanía en general.

Participaron en el encuentro Celia Casillas, de la Agencia Estatal de Evaluación de las Políticas Públicas y la Calidad de los Servicios de España (AEVAL); Judith Astelarra, académica de la Universidad Autónoma de Barcelona con amplia experiencia en la evaluación de políticas de género e igualdad; Paula Castro, jefa del Departamento de Seguimiento y Monitoreo de Programas Sociales de la Subsecretaría de Evaluación Social; Ana María Correa, consultora y ex subsecretaria de Economía; y Jorge Martínez,  jefe de Estudio y Desarrollo Fundación Mi Casa.

El desafío de generar “culturas evaluativas”

Ante una de las preguntas planteadas en el encuentro, respecto a si ¿la evaluación aporta a la transparencia y la rendición de cuentas?, Jorge Martínez, en representación del mundo de las ONG que ejecutan políticas públicas, afirma que “teóricamente sí, porque aporta información y le da coherencia a los informes de la cuenta pública, entre otros. Pero si lo vemos desde las prácticas concretas del mundo de las ONG, todos esos procesos parecen lejanos e incluso amenazantes”.

“Los organismos de la sociedad civil implementadores de muchos de los programas evaluados nos enteramos de los resultados emanados de estas evaluaciones cuando vemos las modificaciones en las bases de los concursos del año siguiente, cuando el servicio o ministerio correspondiente baje nuevas directrices, cuando establezcan nuevas orientaciones técnicas, cuando modifiquen los montos de los proyectos que estamos implementando, cuando modifiquen los contratos, o cuando sencillamente y unilateralmente cierren los contratos”, detalla.

Jorge Martínez plantea que esta escasa transparencia y comunicación de la información emanada de las evaluaciones, sin embargo, “no es responsabilidad de la evaluación misma, ésta es sólo un medio. El desafío es para las políticas públicas y los liderazgos políticos. Es para nosotros en tanto ciudadanos. En definitiva, la evaluación tendrá la oportunidad de transformarse en un instrumento democrático si la mesa de la democracia está servida”.

En tanto Alejandra Cortés, encargada del área de Estudios e Investigación de la Asociación Chilena pro Naciones Unidas, ACHNU, integrante de la Red Chilena de Evaluación- que a su vez es parte de la Red de Seguimiento, Evaluación y Sistematización de Latinoamérica y el Caribe (RELAC)- afirma que “en el marco de la intervención social con Enfoque de Derechos, la evaluación tiene un rol fundamental para distintos actores y por diversos motivos. Desde la sociedad civil, permite generar aprendizajes significativos que ayudan a mejorar la intervención y aporta evidencias que contribuyen a mejorar su capacidad para incidir en políticas públicas. Para los participantes de los proyectos y programas constituye una fuente de información sobre los procesos y resultados de los que forman parte y que los fortalece como sujetos de derechos. Y desde el rol del Estado, en tanto garante principal, es una herramienta fundamental para la transparencia y la rendición de cuentas”.

“Por todo esto, la evaluación es un ámbito de desarrollo fundamental en la gestión social de calidad y el desafío es crear dentro de las distintas instancias, instituciones y organizaciones, culturas evaluativas que la incorporen como parte sustancial de su trabajo social”, concluye.

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