Comienza el año escolar y una de las preocupaciones centrales parece ser el problema del denominado “bullying”. La recurrente aparición en la prensa de casos de abuso escolar entre pares, no obstante, excluye la problemática más importante: la mala convivencia dentro de una escuela, situando el origen de los conflictos en niños “desviados” o “matones” en vez del carácter de las relaciones que se establecen en la comunidad escolar y el débil vínculo que se establece con los padres y apoderados, para quienes el establecimiento se torna cada vez más en una guardería mientras salen a trabajar. La denuncia de episodios de bullying puede ser positivo sólo en la medida en que pone de manifiesto un enfoque apropiado hacia el fomento de relaciones más humanas e igualitarias entre los niños. Para fomentar la preocupación de los adultos, un medio estadounidense (Hufftington Post) publicó siete señales para identificar a un niño potencialmente víctima de abuso.
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